No me enamoré de una sola persona, ni de una sola cara. Me enamoré de aprender y descubrir qué te gustaba, qué te hacía sentir viva, qué te hacía brillar.
Me enamoré de todo lo que estaba fuera de la rutina, de eso que es capaz de moverme el suelo, para bien y para mal. De los kilómetros que no nos separan tanto como deberían, de las llamadas largas, de que sigas siendo mi persona favorita aunque estés al otro lado del mundo.
Porque eso es lo lindo de amar con locura, amar sin miedo, amar sin límites. Así te amo yo a vos: podré estar cansado, estresado, brincando de alegría o llorando de tristeza, y en cada sentimiento te sigo escogiendo a vos.
24 años y seguís siendo la misma: encontrás la risa en el momento más inoportuno, sos full funable, pero nada de eso hace que dejes de brillar, que hagas que todo valga la pena.
Antes de que veas cada foto y cada momento, quería que leyeras esto primero. Feliz cumpleaños, mi amor.
De aprender qué te movía, qué te hacía sentir viva. De la aventura, el color, lo inesperado, todo lo que estaba fuera de la rutina.
Y te rendías al sueño, en el carro, en el hotel, donde fuera. Verte descansar tranquila siempre fue mi parte favorita.
Ese ceño, esa cara de "ya dejame", ese silencio. Tu carácter también es parte de todo lo que amo, no cambiaría ni una sola de tus versiones.
Vos, sola, sin poses. Podría mirarte para siempre.
Nuestro love language nunca fue solo estar enamorados: fue probar el mundo juntos, de Granada a la playa, cada textura y cada rincón donde nunca habíamos estado.
De una michelada a una pizza en el Pizza Forum, al lado del Coliseo en Roma, cada sabor nuevo sabe mejor con vos.
Cada vuelo, cada bus, cada playa. Todo el mapa que ya escribimos juntos… y el final que todavía no conocemos.
Feliz cumpleaños, Andrea. Nos vemos, y seguiremos conociendo, probando y comiéndonos el mundo.